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domingo, mayo 13, 2012

Susana

A Susana Escarabajal

La verdad desnuda, sin maldad, 
inocente y cruda,
como en la boca de los niños,
traes en tus palabras lacónicas,
que, a veces, hieren como un hierro afilado
y otras, con la misma audacia, sanan mi melancolía,
como el agua calma la sed.
La vida es amarga y dulce,
nos da y nos quita,
tiene la cara y la cruz de las monedas
y, aunque es inagotable fuente de felicidad,
 sabe llevarse, tramando traición,
como un toro de luto que embiste,
nuestros tesoros.
Tu cara de niña es la hacienda de mi corazón,
tus manos nerviosas, la fortuna de mi recuerdo,
tu risa fresca, un chorro de monedas de oro
que destella en mi alma.
Tu amistad es mi riqueza, Susana.
Mi voluntad ya es dueña de la vida,
el día amanece ahora sin doler,
las horas pasan oliendo a rosas,
el mundo es un jardín tranquilo y apacible;
venciste, hermosa amiga, a la bestia que me poseía,
delegación de la muerte,
cuando, con tu dulce presencia,
disipaste, maldición de la infancia,
 mi soledad.

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